Hay un amor lanzado a la costilla de dios
y este peso mío,
que va haciéndose camino en la tierra,
jamás sabrá.
Ni la música en los barcitos alternos
donde espero
cuando la pequeña ración que nos tocó
se acaba.
Ni el humo de la comida callejera
Ni tampoco la bulla que hacen los obreros
sabrá.
Con lo poco que nos quedó,
amamos.
Y lo demás va abriéndose paso en el camino,
reclamando su pedazo de suelo, su parte en el polvo,
su astilla de hueso de la costilla de dios;
la que llevo aquí, apresada en mis manos,
que nunca supo lo que es entrar en el trueque,
o tener que aceptar la derrota.
esa,
te la doy.