Gidiom Gidiom

Premonición

Premonición

Desde la calle se podía ver la luz encendida a través de la cortina amarilla transparentosa llena de pequeñas flores bordadas.

Hacía ya una semana que empezó a sentir terror a no poder distinguir sino sombras en la oscuridad nocturna. Imaginaba a veces en esa oscuridad cosas o gente que se la quedaban como mirando, pero no eran más que inventos de su mente por estar aterrada. Decidió dejar la luz prendida del cuarto para dormir, pero no era solo eso. Le empezaron a entrar ideas intrusivas, primero cosas simples como apagar la estufa, como que no cerró la puerta, como que dejó el ventilador de la sala encendido pero todo poco a poco fue convergiendo a que alguien iba a entrar a su cuarto mientras dormía.

Unos años atrás cuando aún Valeria era su mejor amiga y andaban juntas recorriendo las fiestas de los pueblos, se la pasaban encompinchadas con los amigos de Valeria que no eran sus amigos por ser toscos en la forma de hablar. Román, Juan y el Chopo cuyo nombre no supo jamás, incluso pensó algún tiempo que era su nombre real, porque el cura le dijo Chopo en el funeral de su madre y solo entonces el Chopo lloró. Les había perdido el rastro a todos ellos, Román a veces le mandaba historias por Instagram y ella las reaccionaba o mandaba una risa de jotas y eses. Pero poco a poco fueron perdiendo la costumbre y finalmente todos se fueron olvidando de todo.

Cristina, una compañera de la universidad le escribió un día: Andre llegate, mañana tenemos partido de Volley, ¿quieres jugar?

  • Dale Cristi, yo llego.

Cuando Cristi me llamó recuerdo estar mirándome en el espejo, delineando cuidadosamente el contorno del ojo, para ir a la universidad. Tenía un partido de Volley para ese día con otra gente pero pensé que tenía rato sin ver a Cristi y valía la pena compartir con ella.

Metí todas las cosas en el bolsito de siempre y me fui. Cerré bien la casa. Revisé cada llave, cada puerta antes de irme, inspeccioné las ventanas desde afuera. Me subí al carro y salí.

Recuerdo haber visto a un indigente arrastrar una palma seca por la carretera.

Los partidos de Volley se juegan en el coliseo a las 7pm. Había un montón de gente que había traído Oscar, el muchacho que había armado el partido con Cristi. Andrea solo conocía a Cristina y a Oscar a algunos los distinguía de otros partidos pero nada más allá. Se sentaron y empezaron a hablar mientras les tocaba el turno de la cancha. Fue llegando más gente. Entonces llegó alguien que a Andrea le pareció particularmente conocido. No lo recordaba pero él la saludó como un conocido entonces estuvo tirándole cabeza al asunto. Cuando él le dijo su nombre, “Rubén”. Lo recordó, él era el amigo de Román que contadas veces los acompañó a algunos de esos paseos entre pueblos. Se emocionó un poco por recordar a sus antiguos amigos y quedaron hablando un rato largo hasta que empezó el partido.

A Rubén le había escrito Oscar en la mañana para jugar, Rubén que jugaba poco pero que últimamente estaba siendo atravesado por el tedio aceptó. Llevaba algunos meses alternando entre dormir y ver series sin sentido en un proyector que había comprado lamentándose de que las cosas no salieran como quisiera, porque siempre ha sido un pesimista resignado. Menos mal nadie lo vio nunca revolcarse en su propia miseria. La sabía esconder bien. Haber visto a Andrea le regresó nuevamente un poco de esa esperanza a la vida que había perdido, sobre todo porque malentendió el interés que Andrea le mostró al querer saber de sus antiguas amistades, con alguna especie de atracción hacia él. Esa noche no durmió, se quedó pensando en ella.

Todos los viernes jugaban el partido de Volley y todos los viernes se veían y hablaban, Rubén empezó a medir cada gesto de Andrea, cada sonrisa, y reinterpretarlo a su manera, midió la franja horaria en que llegaba al partido, sabía a quiénes saludaba de beso y a quiénes no, tenía anotado en una libretica cada mención de un nombre que había hecho incluso en medio del partido. Oscar 34 veces, Cristina 24 veces, Rubén, 12 veces. Se esforzaba más de lo que cualquiera pensaba para que Andrea mencionara su nombre y ponerse en el top de la lista.

  • Andre, ¿qué te parece Rubén?, le dijo Oscar un día que Rubén no había llegado aún,
  • Él es bien, dijo Andre, ¿por qué?
  • Se me hace como raro, él, yo lo conozco él no es tan normal que digamos, pero creo que contigo está un poco raro, ¿te ha dicho algo?
  • No, normal, yo a él lo conocía de antes.
  • Ah ok ok, tal vez sea eso, igual para que estés pendiente
  • Dale todo bien, ¿pasa algo con él o qué?
  • no no no, pero él es raro
  • ¿raro en qué sentido?
  • hummm, ha tenido problemitas, está en tratamiento psicológico, tuvo unas pérdidas recientes y no las ha sabido llevar, pero nada solo por si acaso, se me hizo que actúa raro contigo pero capaz no es nada.

Luego la luz de la moto de Rubén apareció en la entrada y todo quedó ahí. Andrea por supuesto se quedó pensando.

Cuando llegó a casa le saltó la notificación de Instagram. Rubén había empezado a seguirla. Con la advertencia de Oscar no le aceptó la solicitud de seguimiento de una. Pero esas eran una de esas noches en que no podía dormir, y como Rubén también le envió una solicitud de mensaje le aceptó y le contestó. Cruzaron algunas cuantas palabras, a ella le agarró el sueño y se quedó dormida.

Cuando amaneció tenía el celular lleno de mensajes de Rubén. Un montón de Holas, qué haces, te dormiste, y algunas llamadas perdidas. Le puso dos signos de interrogación y al rato Rubén le contestó “Lo siento, tenía insomnio y pensé que estabas despierta”.

Cuando se quisieron dar cuenta llevaban una semana haciéndose llamada todas las noches cuando ella no podía dormir por el insomnio y la única persona que tenía a la mano era a Rubén.

  • Hola Andre ¿cómo estás?, ¿Cómo vas?
  • Bien Rubi, acá sin poder dormir.

Cuando hablo con Andre no puedo dejar de escuchar su voz dulce, me gusta concentrarme en la forma en como respira, en sus pausas, incluso me gusta más su silencio, pensar que se está quedando dormida mientras hablas conmigo. Sé que me quiere aunque diga que no. Yo la quiero, de una forma extraña, como no había querido antes. Quiero estar con ella, sentirla cerquita, esa respiración chiquita que me llega por la bocina del celular.

  • Estoy bien Rubi, un poco mareada.

Rubén me llama todas las noches. Cuando lo escucho creo que debo dejar de hablarle, pero ha sido la única persona que ha hablado conmigo en el insomnio y con la que me siento un poco menos sola y al menos si alguien entrara podría llamarlo enseguida.

Ha estado insistiendo mucho en hacer planes, venir a mi casa. No sé por qué piensa que me gusta. Parece que sí es un poco raro, aunque ya le he agarrado cariño.

  • Andre, ¿te preocupa algo? ¿por qué no puedes dormir?
  • mmm, sí la verdad sí, mira:

Andre empezó a contarme una historia de su infancia. Un trabajador de su padre había entrado a su cuarto cuando estaba dormida y se la quedó viendo en la oscuridad. Ella vio sus ojos como flotando opacos cerca de ella y gritó. No recuerda mucho más, pero le afectó y sabe que por algún motivo, probablemente el estrés de tener que presentar la tesis de grado, le han vuelto esos miedos de la infancia.

  • ¿te hizo algo?
  • No
  • ¿Quieres que te acompañe?
  • ¿Cómo así?
  • Puedo ir a tu casa, si quieres
  • Cómo se te ocurre. Gracias, así por llamada está bien… De hecho Rubi ya es tarde, ¿te parece si dormimos?
  • Sí, puedes dejar la llamada andando yo me quedo pendiente
  • No, vamos a dormir ¿sí?
  • mmm ¿qué pasó?, siempre dejamos la llamada andando
  • No te preocupes, hoy quiero dormir y tú también debes dormir.

Andre me colgó. Las últimas veces ella había dejado la llamada andando y se dormía y yo me quedaba pendiente de ella el resto de la madrugada hasta que amanecía y me daba los buenos días. Ahora estaba yo allí en la noche sin escuchar su respiración, sin escuchar el murmullo de su boca cuando duerme, sin escucharla moverse en la cama. Solo el silencio de la noche y la calle vacía al frente de mi casa. Me quedé al lado del celular el resto de la madrugada esperando que me llamara por si acaso.

Dejaron de frecuentarse en las llamadas, cosa que a Rubén le afectó pero empezó a olvidar, y Andre extrañaba volver a sentirse un poco más segura en las noches, pero de apoco se estaban acostumbrando a volver a su rutina.

Se veían en los partidos de Volley hablaban de sus amigos antiguos jugaban y se iban. Ninguno le escribía o llamaba al otro, pero esa noche antes de dormir, Andre cerró todas las puertas y todas las llaves abiertas, y el miedo no se le quitó. El terror de ese día era mayor al de antes. Miró el celular y luego de darle unas vueltas en su cabeza, llamó a Rubén, intentando evadir el sentimiento en el estómago que siembra el miedo. Cuando el teléfono de Rubén sonó él ya estaba dormido, lo miró de reojo y al ver Mi Andre <3 escrito en la pantalla se levantó y contestó. Hablaron un poco, Andre le comentó que al día siguiente tenía algo importante y necesitaba dormir pero que esa noche tenía mucho miedo, él la consoló y arreglaron dejar la llamada andando mientras ella dormía. Rubén quedó esperando al otro lado como un perro guardián. Sacó su libro de apuntes y volvió a escribir las frecuencias de los suspiros de Andre, se decía a sí mismo que para saber si algo estaba mal.

A las 3 de la mañana Andrea tuvo un sueño. Soñó con los ojos flotantes del trabajador de su padre en la Noche, sintió su mano rasposa tocándole los senos y recordó su grito, había olvidado partes de eso, había olvidado que la sangre del tipo le cayó en la cara por un machetazo de su padre.

Cuando en el sueño la sangre le cayó en los ojos despertó y vio en la agitación que le dejó la pesadilla, unos ojos brillantes otra vez flotando en la oscuridad. Ya no estaba su padre cerca. Tenía el celular aún en llamada con Rubén, y gritó “¡Rubi ayúdameeeee!”. Escuchó su grito de vuelta como un eco y notó que la sombra sostenía un teléfono donde se podía ver su foto de perfil de WhatsApp con una llamada andando.

Share: